La fotografía me entusiasmó porque me dio la posibilidad de expresarme y de seguir relacionado con el arte

Tiene una sensibilidad enorme. Esa capacidad innata para responder a vibraciones sutiles le permite capturar el alma humana y la esencia de los paisajes, en una fracción de segundo. Juega y crea con la luz como los niños con el barro.

La fotografía me entusiasmó porque me dio la posibilidad de expresarme y de seguir relacionado con el arte”, cuenta Jorge Carda (66).

Antes de conmover con sus prodigiosas impresiones sobre tela, fue peón de circo e hizo segundas partes en ese pequeño mundo ambulante. También, como histrión, ganó cierta fama en el radioteatro y en las telenovelas vernáculos.

“De pendejo, soñaba con ser actor, pero me daba vergüenza decirlo por temor a que pensaran que era ramito”, dice con picardía e impostando la voz.

Carda nació y se crió en un conventillo entre el cementerio San Jerónimo y el río Suquía, franja que hoy ocupa Villa Páez. La necrópolis municipal era su guarida favorita cuando jugaba a las escondidas. También, donde se rebuscaba unas monedas limpiando nichos y cambiándoles el agua a los floreros el Día de los Muertos.

Es el mayor de tres hermanos, hijos de un boxeador que peleaba por plata en Laboulaye y alquilaba botes en Carlos Paz y de una hija natural que se ganaba la vida colocando inyecciones. “A mi abuela la engañó un gitano de un circo y de esa relación nació mi mamá. Por eso le molestaba que me llamaran ‘el gitano’ y se enojó mucho cuando dejé el colegio para subirme a un circo”, asegura. Tenía 15 años cuando murió su papá y decidió escuchar su vocación artística.

“Los domingos, cuando mis amigos se iban a la cancha o a ‘hondear’, yo ponía excusas para no acompañarlos y me iba a ‘La Piojera”, como se conocía al cine-teatro Colón, en Alberdi.

El bolo del debut. Hacía poco que usaba pantalones largos, cuando debutó, por casualidad, en teatro. Fue en Saturnino María Laspiur sobre un acoplado-escenario. En ese pueblo, el legendario Jaime Kloner presentaba un clásico del radioteatro: El león de Francia . Carda se ocupaba, entonces, de ordenar los libretos y de plancharle la ropa a Ana María Alfaro, a quien considera su segunda madre.

“Uno de los actores se le rebeló antes del estreno y el ‘Ruso’ me llamó y me dijo: prepárate pibe que en un rato debutás…”, revive con excitación.

“Me sabía los libretos de memoria y vivía con la ilusión de que algún día me dieran un papel. Y llegó de manera fortuita”, recuerda.

“Era un bolo chico. Tenía que decir: Majestad, ha llegado a palacio el capitán Felipe de Borgoña y la princesa María Inés de Lorena”, cuenta y deja lugar al suspenso. “Cuando me dieron el pie, me quedé mudo y Jaime me pellizcó el culo para que largara… logré abrir la boca pero se me anudó la lengua… Casi me muero”, relata y suelta una carcajada que contagia.

Después, interpretó Flor de durazno , El conventillo de la paloma y El guapo del novecientos , y participó en el suceso de Kloner, Juan sin ropa, el cimarrón . En esa época, adoptó el seudónimo Rolando Kent que poco después reemplazaría por Jean Claude.

–¿Cómo surgió el nombre artístico?

–Después de ver en cine una película con Jean Paul Belmondo y Jean Claude Brialy. Esos actorazos me partieron la cabeza y, por ellos, ese día decidí llamarme Jean Claude.

Otra casualidad.Cuando el radiodrama y el teleteatro empezaron a declinar, a principio de los ‘60, su amigo y socio Luis “Lucho” Scorda lo inició en la fotografía

Mazambala Sunset

.

“Él trabajaba en Kaiser (ex Renault), donde hizo un curso de fotografía. Un día lo contrataron para una fiesta y como era tímido me pidió que fuera yo; no tenía idea ni de cómo agarrar la máquina”, dice y el comentario suena increíble.

“No me siento fotógrafo. Más bien soy un captador del alma de las personas y de las cosas”, se define.

Como pocos en el oficio, trabajó con casi todas las celebridades del espectáculo nacional y de la política local.

Además, retrató a Julio Iglesias​, Charles Aznavour​, Rafaella Carrá, Luis Miguel​, Gloria Gainor, Tom Jones y a cuanto artista internacional pasó por la legendaria Taberna de Julio o los escenarios cordobeses.

En el ‘78, caminó por la peatonal con Brad Davis y fotografió a Robert Powell jugando a la pelota con chicos en la canchita de Canal 12.

También hizo reír con sus instantáneas en María Bizca (revista de humor cordobés) y calentó la sangre con las producciones fotográficas a modelos, vedettes y estrellas que desfilaron durante 28 años por Espectáculo hora cero , el programa de TV de Sebastián Campanella. “La fotografía me salvó la vida”, resume.

Le ayudo a dar la última pitada de cigarrillo, le coloco los anteojos para sol y acepto una invitación a comer fideos con salsa de hongos.

Hace calor en Villa Allende, pero se soporta bastante bien a la sombra del enorme aguaribay que domina el patio.

Esta entrada fue publicada en captador del alma de las personas, fotografia de circo, inicio de la fotografia, no me siento fotografo, trabajo con celebridades de fotografo. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s