La quiebra de la empresa Kodak, por más de un siglo sinónimo de fotografía análoga, no acaba con esta forma de fotografiar

La quiebra de la empresa Kodak, por más de un siglo sinónimo de fotografía análoga, no acaba con esta forma de fotografiar. Lo que sí ha ocurrido es que el auge de lo digital ha transformado rutinas, actitud, concepto y hasta la manera de ver de los fotógrafos hoy en día.

Ha cambiado desde el cuarto oscuro, que para las nuevas generaciones es un perfecto misterio, o que algunos han remplazado por el photoshop, hasta el número de fotos que se hacían de un evento -por ejemplo, para un viaje de vacaciones se usaban dos rollos de 36 fotos, en promedio, mientras que hoy se puede regresar con alrededor de 400 fotos que, sin duda se almacenan en una USB que no ocupa ni un cuarto del tamaño de un rollo fotográfico de 35 mm.

El fotógrafo Rubén Pax opina:

“El proceso es completamente distinto: hay sentidos que con la fotografía digital ya no utilizas: el tacto, el olfato, y eso era primordial en la análoga. Tenías que aprender a esperar, la noción del tiempo ha cambiado, realmente no aprecias la imagen, no la contemplas, no la imaginas, capturas… no sé, algunos toman 50 fotos cuando yo tomo una”.

Arturo “Chato” Fuentes es uno de los fotógrafos que trabaja exclusivamente con cámaras análogas -algunas panorámicas de comienzos de siglo XX-; el proceso de revelado del rollo, copia y ampliación lo lleva a cabo en su propio departamento habilitado casi en su totalidad como laboratorio fotográfico. Incluso, aunque la química era la materia que menos le interesaba en la escuela, hoy muchos de los químicos los produce así como algunas de las películas.

Fuentes considera que hay una manera de ver que la fotografía análoga tiene a diferencia de la digital: “Con la fotografía análoga eres más selectivo, tiras menos; educa uno el ojo, va viendo qué es lo que quiere, o inventando o encontrando una foto espontánea que disfruta más. La escasez de material te hace ser más selectivo, una o cuatro fotos cuando mucho, porque si no todo se repite”.

Ernesto Ramírez, fotorreportero y creador de series artísticas, comenta: “Antes meditabas más la foto, editabas previamente, ahora tomas y después editas. La análoga te obliga a leer la luz, a enfocar más, te hace un fotógrafo más completo”.

Del grano a los pixeles

¿Cuánto de fotografía análoga se hace hoy y cuánto digital? Imposible (e inútil) determinarlo. Los propios artistas de la fotografía reconocen que conviven ambas expresiones: hay quienes de plano mudaron a la foto digital; existen los que sólo trabajan con análoga, son los casos de Graciela Iturbide, Rodrigo Moya y Arturo Fuentes, entre otros.

Más allá de su trabajo en diarios, Ramírez utiliza cámaras análogas, posteriormente digitaliza los negativos y continúa el proceso bajo las características digitales.

En Xalapa, en el Izote: Taller de Gráfica y Heliograbado, A.C., Byron Brauchli, fotógrafo, explora y enseña las posibilidades de estas técnicas. El taller crea carpetas en tirajes pequeños, de muy alta calidad (http://www.edicionesizote.com/).

En el DF, Rubén Pax hace foto con cámaras con película de 35 mm, de 120, y placas de 4×5 y 5×7 pulgadas; practica -y enseña- la fotografía estenopeica (una cámara fabricada por el propio usuario) y aunque eventualmente usa digitales, se rige por las normas de las análogas. Nunca mira las fotos que toma conservando ese “misterio” que había antes al hacer fotos y verlas sólo cuando se revelaban. Tampoco le quita o le pone algo a las imágenes; es un crítico de la manipulación exacerbada de la foto.

“La fotografía análoga es un acto de fe, fe en lo que estás haciendo. La gente viajaba y se tomaba la foto frente a la Torre Eiffel o las pirámides de Egipto o las de Chichen Itzá, regresaba y tenía la imagen, esa foto era un acto de fe. Ahora no: puedes casarte en el Palacio de Versalles digitalmente, eso ya perdió ese sentido”, afirma Pax, quien este mes dará varios talleres sobre foto análoga (prismafotopax@gmail, teléfono: 5741 7162).

Lo que ha ocurrido también es que muchos fotógrafos y aficionados han buscado aprender de viejas técnicas, de ahí el trabajo de varios artistas con la Polaroid (cuyo deceso se anunció en 2008), los experimentos con colodión, en carbón y gelatina, con papeles salados, daguerrotipos o las adaptaciones con lente Leika.

Existe también una constante oferta de talleres con cámara estenopeica o con cámara Holga, también llamada cámara de pobre.

“Son cámaras de plástico, su filosofía es disparar casi sin pensar, es como el lema de esa corriente -dice Ramírez-. Son cámaras de plástico con dos aditamentos donde varías la luz y el tiempo de operación es fijo; se trata de sacarle beneficio a lo que serían errores de la cámara porque en las películas se veía una entrada de luz por un defecto de la cámara, entonces la estética es de cierto dejo de antigüedad, oscurece las esquinas y el foco se centra”.

Lo paradójico es que lo digital también ha “copiado” ese error de la Holga; existe una aplicación para el iPod que permite crear ese mismo tono.

Arturo Fuentes es tajante al afirmar que la quiebra de la Kodak no significará en ningún momento el fin de la análoga. “Ahí no se acaba, evidentemente Kodak está pagando las consecuencias en términos de la modernidad, el capitalismo aplastante. Hay muchísima película, más que Kodak, Ilford o Agfa, y vas descubriendo cuál es la de mejor calidad, la de grano más fino, la que te permite más posibilidades en la oscuridad”.

Fuentes, quien se inició como fotoperiodista tras estudiar Sociología, ha encontrado mucha gente en Aguascalientes, Yucatán, Puebla y Veracruz que sigue explorando las posibilidades tradicionales. También, en EU y en Europa; sin embargo, en América Latina hay lugares donde ya no hay película.

Con relación al resto del país, el caso del DF es diferente, señala Fuentes. “Es un mercado muy difícil. Es una corriente tan fuerte que centraliza todo, y a veces para donde voltees… eres un registrador tan inmediato, o haces moda, o haces publicidad, o de cine o de periódicos.. y estás centrado en un rollo de discurso digital muy fuerte… hay muy pocos en la ciudad de México que están haciendo análoga, es menor, pues evidentemente ha crecido mucho lo digital”.

Para llevar a cabo su trabajo, Fuentes desarrolla en el laboratorio algunos productos, pero también los compra en EU por correo, y aunque esto representa el pago de impuestos, resulta más económico. Por ejemplo: “Antes, en el DF un rollo costaba $20, hoy cuesta $120 o $130; en el otro lado está a cinco dólares, $60 o $70, y de mejor calidad. Aquí se ha incrementado el precio, fuera de México no tanto. Sale caro (pedirlo fuera), pero el placer a veces hay que pagarlo”.

Sin duda, una de las ventajas del sistema digital es que resulta más económico, también es ventajoso para muchos fotógrafos, sobre todo de periódicos, que el peso de estas nuevas cámaras es más ligero.

Pero aún así, creadores como Arturo Fuentes están convencidos de que ambas manifestaciones pueden convivir. “Vengo de la escuela del blanco y negro y creo que no se va a acabar. Evidentemente, la película que uno ocupa, de 8×10

English:

, en México está casi saliendo de la circulación, pero me encanta seguir trabajando con esa magia qué ver, en la que hacer una impresión en blanco y negro es un goce. Lo otro lo siento tan plano, sin necesidad de ver lo que tienes atrás de una imagen. Puedes hacer una comparación de un negativo a una buena impresión y creo que sigue siendo mejor el negativo, y lo sigue conservando la historia, y no tiende a perderse”.

Para Brauchli lo digital “ha abierto un camino más, nada más es otra herramienta para llegar a las tomas”.

“Lo comparo con el libro -dice Fuentes-, creo que no se va a perder, mucha gente sigue haciendo libros artesanales. La foto análoga sí se vende bien, pero tienes que andar buscando, saber dónde, hacer un mercado entre galerías o coleccionistas. Las generaciones venideras será difícil que lo quieran recuperar… o quién sabe, si a uno le ha dado para ir a la historia atrás, ¿por qué los que vienen no? ojalá esto dé para más”.

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