Pero para Eunice Adorno la cámara es una forma de pararse en el mundo y con esa potestad emprendió un trabajo que surgió de su curiosidad, reportaje con el cual en el año 2010 recibió el Premio Nacional de Cultura

Es todavía una mujer joven y algo tímida. Pero para Eunice Adorno la cámara es una forma de pararse en el mundo y con esa potestad emprendió un trabajo que surgió de su curiosidad, reportaje con el cual en el año 2010 recibió el Premio Nacional de Cultura Fernando Benítez y que llevó por título Fraum Blaum (mujeres flores, en alemán), y ahora la editorial Fábrica lo publica como libro con el nombre Las mujeres flores, donde integra fotografías de la vida cotidiana de un grupo de mujeres menonitas de dos comunidades: Nuevo Ideal (Durango) y La Onda (Zacatecas).

“Hay momentos, encuentros, personas, lugares, que a primera vista podrían ser insignificantes, cualquiera, pero creo que como fotógrafos tenemos que ponerles mucha atención,

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porque en el fondo son muy importantes. Así empieza todo: primero la curiosidad y la intuición y luego la postura, sobre todo, ante determinadas situaciones, y a partir de ello comienzas a retratar otra realidad aparte de la que se ve en los periódicos”, comenta en entrevista la joven fotógrafa que el año pasado fue seleccionada como estudiante del Joop Swart Masterclass de Wolrld Press Photo.

El libro consta de unas 100 páginas, está impreso en papel Gold East matt 115 g y Hongta Artboard 300g, que le dan a las fotografías una calidad importante, el conjunto tiene una presentación impecable y fina. Pero eso es la forma. Para Eunice, en el fondo está lo más importante:

“Estar con ellas es algo muy fuerte emocionalmente porque hay muchas cosas en juego: que te den la confianza es una gran responsabilidad, y tú te empiezas a cuestionar sobre lo que estás haciendoEstos encuentros fueron para mí algo personal, ser quien yo era. Compartirles tu forma de pensar o de vestir, es un choque bien fuerte pero es increíble lograrlo. En el fondo me di cuenta de que los sentimientos pueden más, las enfermedades, el amor: hay tantas cosas que nos hacen iguales por encima de las que nos hacen distintas”, opina la artista.

En la primera página del texto, Eunice habla: “En estas aisladas comunidades de parajes casi desérticos transcurren las reservadas vidas de las mujeres menonitas, tal y como lo han hecho desde la época de Álvaro Obregón, quien le concedió a este pueblo algunas tierras en los estados de Chihuahua, Durango, y Zacatecas, donde habitan hasta el día de hoy. En el transcurso de nuestros encuentros, mi fascinación por ellas fue en aumento. Por instantes, me encontraba tratando de entender su forma femenina de vivir: los elegantes vestidos, las zapatillas negras y las medias que atraviesan inhóspitos parajes y caminos polvosos para llegar a sus escondidas moradas. Con el tiempo las comprendí mejor, entendí el valor de sus casas y las flores. Las casas, y en especial las cocinas, constituyen un secreto en el horizonte, donde las menonitas se resguardan, por horas y horas, entre objetos personales llenos de significado.

Apartadas del trabajo y de sus maridos, las mujeres forjan su propio universo con charlas, recuerdos, secretos, amistades, placeres y diversiones, y lo esconden bajo sus vestidos cautelosos y su reservada mirada al exterior. Por su parte, las flores son el denominador común de estas mujeres; las flores aparecen en sus vestidos, en sus objetos, en sus nombres y en sus jardines, y dan, por tanto, nombre a esta serie: Fraum Blaum significa “mujeres flores” en alemán bajo, su lengua materna”.

Eunice comenta en el mismo texto que si bien tuvo dificultades para comunicarse con ellas: “nuestro verdadero punto de encuentro son los sentimientos humanos, que compartimos como mujeres, enmarcados, ahora, por la fotografía”.

Con este proyecto quise también encontrar una suavidad que incluso hay en el ambiente pese a que es muy seco. Tenía para mi visualmente algo muy contemplativo. Para nosotros, que vivimos en las ciudades, encontrar estas comunidades en lugares recónditos donde conservan sus tradiciones, sus costumbres, su arquitectura, los objetos, es impresionante. Desde que comencé este proyecto, quise mostrar con las fotografías la vida de ellas y sabía que ellas se iban a quedar como instantes permanentes para nosotros”, dice.

El proceso se remonta a dos años de trabajo para poder acceder a un grado alto de intimidad con las mujeres. Cuenta la autora que todo empezó por casualidad, cuando en 2006 fue a una comunidad de menonitas con el objetivo de realizar un foto reportaje para una revista. Se asombró muchísimo y decidió emprender el viaje.

Ella acaba de regresar de una residencia en Nueva York. Y ahora está a punto de comenzar un proyecto en las zonas del norte: Nuevo León, Tamaulipas, etc., para retratar la vida cotidiana en aquellos estados que actualmente padecen de mucha violencia

Español: Vertedor de la presa Álvaro Obregón.

, A ella le interesa identificar cuáles son las relaciones entre las personas, cómo viven, qué otras historias hay allí.

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